¡¡Nuevo!! Podcast entre dos «periodistas» comentando el artículo.
Cuando los hijos entran en la adolescencia, algo cambia. Empiezan a hablar menos con nosotros. No es que dejen de querernos, es que se cierran un poco, como si lo que sienten no pudiera compartirse con los adultos. Si piensas que el tuyo “te lo cuenta todo”, te lo digo con cariño: probablemente no sea así.
Antes, los adolescentes se desahogaban con sus amigos. Hoy también lo hacen con otro “confidente”
: las redes sociales. Instagram, TikTok o WhatsApp se han convertido en diarios emocionales donde vuelcan sus frustraciones, inseguridades, amores, dudas… A veces desde su perfil público. Otras, desde cuentas ocultas donde los adultos no entramos. O incluso desde el anonimato total.
En ese mundo, dejan rastros de lo que piensan y sienten. Pero ahora, además de los amigos y las redes, ha aparecido un nuevo “interlocutor”: la Inteligencia Artificial.
Y lo cierto es que las IA no necesitan saber nombres ni apellidos. Les basta con lo que compartimos sin darnos cuenta: búsquedas en Google, mensajes en redes, compras con tarjeta, ubicaciones del móvil. Nos conocen más por lo que hacemos que por lo que decimos. Y a nuestros hijos… también.
Muchos adolescentes ya las usan. Les preguntan de todo: desde cómo resolver un ejercicio hasta cómo gestionar una ruptura amorosa. Y la IA responde. Sin prisas. Sin juicio. Sin reproches. Una voz siempre disponible, que no se cansa y que parece comprender.
¿Sustituye eso a un padre, a una madre, a un docente? Por supuesto que no. Pero si ese adulto no está presente, o si no hay confianza para hablar, puede ser una tabla de apoyo. Un lugar seguro donde preguntar sin miedo.
Sé que todo esto puede generar inquietud. Pero cerrar los ojos no es la solución. La IA no es el enemigo. Tampoco es la solución mágica. Es una herramienta. Como lo fue en su día Internet o el teléfono móvil. Lo importante no es prohibirla, sino enseñar a usarla bien.
Nuestros hijos no nos están dejando fuera. Están buscando respuestas. A veces las encuentran en otros chicos. A veces en las redes. Y cada vez más, en la IA.
Nuestro reto como adultos no es competir con ella, sino acompañar. Porque si la IA va a hablar con ellos… mejor que también tengan cerca una voz humana que les escuche de verdad.
Este artículo también lo podéis encontrar en el blog del Valle de Elda