Cuando la adicción lleva tacones

La mujer, la gran olvidada de las enfermedades adictivas.

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La conocí cuando tenía 13 años.

En un taller, cuando pregunté qué era lo que más se consumía a su edad, respondió sin dudar: alcohol, vapeadores, porros. Lo sabía todo. Como casi todos.

Lo que no sabía —o no quería pensar— es que nada de eso estaba permitido a menores. Tampoco imaginaba que, en alcohol y tabaco, las chicas ya estaban igualando e incluso superando a los chicos.

Ella no bebía “para emborracharse”. Bebía para no sentirse rara. Para encajar. Para no quedarse fuera. En redes sociales parecía que todas eran más guapas, más seguras, más felices. Unos tragos ayudaban a que esa inseguridad doliera menos.

La volví a ver cuando ya tenía 32 años.
Trabajo, hijos, responsabilidades. Siempre correcta. Siempre cumplidora.

Ya no bebía para encajar. Bebía para poder con todo.

En las mujeres, la dependencia puede avanzar más rápido de lo que imaginamos. Y muchas veces no viene sola: ansiedad, tristeza persistente, sensación de no llegar a nada. Pero pedir ayuda no era una opción. “¿Qué pensarían si supieran que no puedo con mi vida?”, me dijo. El miedo a ser juzgada como mala madre pesaba más que el malestar.

A los 61 años seguía siendo la misma mujer.

Viuda. Los hijos ya lejos. Las noches largas. El médico le había recetado algo para dormir. Luego algo para la ansiedad. Todo legal. Todo controlado… en apariencia.

Ya no había fiestas ni presión social. Había silencio. Y pastillas.

En esta etapa, el cuerpo tolera peor cualquier sustancia. Pero casi nadie pregunta. Ser mujer, mayor y tener un problema de adicción es una combinación que suele pasar desapercibida.

En las consultas especializadas atendemos a mujeres. Pero son muchas menos de las que deberían llegar. No porque no sufran. Sino porque callan.

A veces la adicción no hace ruido.
No rompe normas de forma escandalosa.
No encaja en la imagen clásica que muchos padres tienen en la cabeza.

A veces empieza a los 13 intentando encajar.
Se disfraza a los 30 de fortaleza.
Y a los 60 se esconde en un pastillero.

Y siempre, en todas las etapas, sigue siendo la misma mujer.


En el próximo artículo hablaremos de:

La gran mentira en la consulta:»¿LO HA ENTENDIDO?»

Autor: José José

Enfermero experto en Adolescentes con problemas de Adicciones a sustancias (Alcohol, Cocaína, Cánnabis) o a Tecnologías.

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