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Cuenta mi padre, que ahora tiene 85 años, que él pudo ir a la escuela hasta un sábado cuando cumplió los ocho años, ese día se despidió de su maestro y compañeros al entrar al lunes siguiente a una fábrica de calzado en calidad de aprendiz.
La decisión de su familia no fue porque fuera un mal estudiante, sino por necesidad, pues había que dar de comer a toda una familia y cualquier aportación por pequeña que fuera, era bienvenida en esos días de estrecheces y hambre. Continuar leyendo «TENGO UN HIJO “LISTO”: NI TRABAJA NI ESTUDIA»
